jueves, 27 de junio de 2013

LA NO IMAGEN QUE NO EXISTE.


La no-imagen que existe.
               



Fotografías de Paula Huven (2008-2013).



En el marco del tan esperado Encuentro Internacional de Fotografía de Rio de Janeiro, diversas galerías de arte se suman a este circuito que tiene como fin la difusión, divulgación y transmisión de conocimiento artístico a través del fuerte brasileño: la fotografía. Así, en la Galería Ibeu, me llama poderosamente la atención las obras de la artista minera Paula Huven. Su obra remite a los binomios presencia-ausencia, cercanía-lejanía, espacio público-espacio privado. En ese sentido, nuestra artista plasma con tal diversidad, dentro de las gradaciones del blanco y negro, la figura humana; esas personas, de su entorno, ligadas por lazos de amistad, ese cuerpo entero que mira e interpela a la cámara. Pero no sólo eso. En el otro extremo, saliendo de su espacio conocido, de aquellos que habitan su privacidad e intimidad en su nueva ciudad (Huven se ha mudado desde Belo Horizonte a Rio de Janeiro y, tal como aclara la curadora Fernanda Lopes, tenía por costumbre fotografiar a sus cercanos); se mueve hacia la absoluta impersonalidad, esa que delata su libro-objeto de fotografías que se están por tomar. Retórica de un futuro venidero e inmediato que estaría por llegar y al mismo tiempo, que nunca lo hará; Huven expresa deseos y anhelos a través de palabras, no de la imagen. Aún así, el libro objeto adquiere una especie de atmósfera fantástica que lo envuelve y él mismo ya parece derivar en un foto-libro plagado del poder de la imagen. Es que la imagen está ahí. Desde la sugestión, la imaginación y la intuición: no hace falta explicitarla fotográficamente pues ella se encuentra ya evocada. Nuestro libro- quizá en parte a modo sarcástico, en parte a modo real-lleva por nombre Insensibles y precisa de ser ojeado para ser develado, necesita ser palpado, leído, pero también apreciado estéticamente desde la pureza de su conceptualidad.
El verbo ‘leer’ posee un doble origen: del latín legere, implica el acto de ‘entender el significado de lo escrito o impreso, de reconocer las palabras por los signos con que están escritas’. Pero también, desde un origen indoeuropeo más antiguo légein, tanto éste último como el vocablo legere significan ‘reunir’, ‘coger’ y ‘recoger’, derivando luego en ‘escoger’ y ‘elegir’[i]. El sentido de seleccionar y juntar caracteres o significantes -es decir, ideas e imágenes o significados-inmediatamente nos remite al acto arbitrario del ser humano por establecer relaciones de conocimiento con el mundo social que lo rodea. En cada página de 50x40 cm de nuestro libro, Paula nos deja pequeños poemas alabando la vida: “…vitrina de tienda de alquiler de ropas de casamiento”, “…..sombra de un árbol sobre un muro con dibujos de pajaritos”. Y nos aclara ya en la primera página “No pienso en las fotografías. Lo que está fuera de la imagen, lo no fijado, lo perdido, me inquieta…” ¿Qué es eso sino la búsqueda esperanzada de belleza, de estética en la propia cotidianeidad, en el propio mundo que nos sumerge y nos supera? Aparentemente impersonal, el libro-objeto se convierte en un libro lleno de imágenes, esas que siempre están aguardando en los recovecos de la mente.


[i] GÓMEZ DE SILVA, Guido (2009): Diccionario etimológico de la lengua española; México: Fondo de Cultura Económica. 

JESSICA GUARRINA

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